Por Enzo Sepúlveda | @enzosepu_phvid | Golazo Canadá
Hay ciudades que te eligen antes de que tú las elijas a ellas. Montréal es una de esas. Y esta semana, de alguna manera, también le pasó a Alexis Sánchez.
El mejor futbolista en la historia de Chile acaba de firmar por dos temporadas con CF Montréal. Dos temporadas — no una despedida de cortesía, no un contrato de un año para ver cómo va. Dos años. Hasta junio de 2028. Eso no es un retiro disfrazado. Es una declaración de intenciones.
Primero lo primero — porque Montréal merece presentación.
Estamos hablando de la segunda ciudad más grande de Canadá, con una población de aproximadamente 1.8 millones en la isla de Montréal. Una ciudad construida por generaciones de montrealenses — anglófonos y francófonos — que llevan siglos dándole forma a este lugar, que llenaron estadios y arenas mucho antes de que hubiera una estrella en la cancha, y que siguen ahí cuando las estrellas se van. Sin ellos no hay historia. Sin ellos no hay ciudad.
Y sobre esa base, Montréal se convirtió en uno de los lugares más diversos del mundo. En el metro conviven el francés y el inglés como idiomas oficiales, pero también el español, el árabe, el créole, el mandarín y el portugués en el mismo vagón. Es una ciudad que lleva siglos siendo punto de llegada — de europeos, de latinoamericanos, de africanos, de asiáticos — y que ha convertido esa diversidad en su identidad más profunda.
Es también la ciudad de los Canadiens de Montréal — los Habs — el equipo de hockey más laureado de la historia de la NHL, con 24 Copas Stanley. Aquí el hockey no es un pasatiempo. Es una religión. Una cultura de hinchada que lleva más de un siglo siendo fiel a sus colores, que define la identidad de toda una provincia, y que le enseña a cualquier deporte que quiera crecer en esta ciudad cuál es el estándar de pasión que se exige.
Es la ciudad del Grand Prix de Fórmula 1 — el Circuit Gilles Villeneuve, construido sobre una isla en medio del río San Lorenzo, lleva el nombre de un héroe local que se convirtió en leyenda mundial. Es la ciudad del Festival de Jazz más grande del mundo, del festival de humor Just For Laughs, de una escena gastronómica que compite con cualquier capital europea. Una ciudad universitaria, joven, vibrante, que en 2026 vive el mayor boom del fútbol en su historia después de haber sido sede del Mundial más grande jamás organizado.
A esta ciudad llega Alexis Sánchez.
Hay un detalle que pocos están contando y que merece ser dicho. Alexis ya estuvo en Canadá antes. En el verano de 2007, con 18 años, llegó a Canadá con la Selección Chilena Sub-20 a disputar el Mundial de la categoría. En ese equipo estaban Arturo Vidal, Gary Medel y Mauricio Isla — los mismos que años después ganarían dos Copa América consecutivas y escribirían el capítulo más glorioso del fútbol chileno. Bajo la dirección de José Sulantay, Chile llegó hasta las semifinales, donde cayó ante una Argentina que tenía a Agüero y Di María; posteriormente, se colgó la medalla de bronce venciendo a Austria por 1-0.
Diecinueve años después, Alexis vuelve a Canadá. Ya no con 18 años y una medalla de bronce alrededor del cuello. Sino con 37, dos Copa América en el bolsillo, uno de los currículums más extraordinarios que ha dado el fútbol Chileno y un contrato de Designated Player firmado en Montréal.
Canadá ya lo había visto. Solo que entonces nadie sabía todavía en lo que se iba a convertir.
Alexis Alejandro Sánchez Sánchez. Nacido el 19 de diciembre de 1988 en Tocopilla, una ciudad costera de 25.000 habitantes en el desierto de Atacama. Debutó profesionalmente en Cobreloa en 2006, con 17 años. Lo que vino después es una de las carreras más extraordinarias que ha producido el fútbol sudamericano en las últimas dos décadas.
De Cobreloa a Colo Colo, de Colo Colo a River Plate en préstamo, de River al Udinese italiano. Luego el salto que lo cambió todo — el Barcelona de Pep Guardiola. Tres temporadas, 47 goles, 35 asistencias, campeón de LaLiga y Copa del Mundo de Clubes. Después Arsenal, donde vivió su mejor versión individual: 80 goles en 166 partidos, elegido Jugador del Año de la Premier League. Manchester United, el capítulo más oscuro. Inter de Milán, el renacimiento — campeón de Serie A en 2021, Copa Italia, Supercopa de Italia. Y finalmente Sevilla, donde con 36 años ayudó al club a mantenerse en Primera División.
Los números de una carrera: 503 partidos en clubes, 156 goles, 67 asistencias. Con la Roja: 169 convocatorias, 52 goles — goleador histórico de Chile. Dos Copa América, 2015 y 2016.
En el camino, la hinchada de Universidad de Chile — el club del cual es hincha — soñó con verlo llegar. Fueron más los deseos que las conversaciones reales. Y Alexis, como siempre, siguió su propio camino. Ese es el hombre que llega al Stade Saputo.
¿Tomó Alexis la mejor decisión?
En la temporada 2025-26 con Sevilla, disputó 21 partidos en LaLiga con 3 goles y 1 asistencia. Sufrió dos lesiones durante el año — muslo en octubre y cadera en enero — que lo mantuvieron fuera casi tres meses. Aún así aportó. Pero en un equipo que peleó por no descender, su protagonismo tenía un techo claro. Sevilla le ofreció renovar por una temporada más. Una sola. Alexis dijo no.
Y la liga que lo recibe no es la de hace diez años. En 2026 compiten en la MLS Lionel Messi — con salario garantizado de 28.3 millones de dólares anuales —, Thomas Müller, Antoine Griezmann, Son Heung-min y Rodrigo De Paul. Müller llegó al Vancouver Whitecaps en agosto de 2025 con 36 años desde el Bayern Múnich. Nadie en Alemania habló de deshonra. Dos temporadas firmadas como Designated Player, protagonismo garantizado, una ciudad que acaba de vivir el Mundial y tiene hambre de fútbol. A los 37 años, con ese currículum y esas opciones — la respuesta parece clara.
El efecto Drogba — y la esperanza de que esta vez sea diferente.
En 2015, otro grande del fútbol mundial llegó a Montréal. Didier Drogba firmó como Designated Player y lo que vino después fue extraordinario — hat trick en su primer partido, 11 goles en 11 juegos, promedio de 1.14 goles por 90 minutos, el mejor de toda la MLS ese año. El Stade Saputo se llenó partido a partido. En los últimos ocho partidos de esa temporada la asistencia promedio superó las 20.000 personas, cuatro mil más que antes de su llegada. El club vendió 2.000 abonados nuevos ese invierno — el mejor registro de su historia hasta entonces.
Y luego se fue. Y parte de esa energía se fue con él.
Es la historia que este club conoce bien — la estrella que enciende la llama y la llama que se apaga cuando la estrella parte. Ojalá con Alexis sea diferente. Ojalá los hinchas chilenos y latinos que van a llenar el Stade Saputo esta temporada se queden cuando el partido termine, conozcan el club, adopten los colores azul y blanco como propios, y estén en las tribunas el día que Alexis ya no esté. Junto a los montrealenses que siempre han estado. Eso sería el legado real — no los goles, sino la comunidad que se construye alrededor de ellos.
CF Montréal lleva dos temporadas buscando identidad. Técnicos que van y vienen, Designated Players que llegan y se devuelven, noches en el Stade Saputo más frías de lo que marca el termómetro. Un club que históricamente ha arrendado talento sin atreverse a construir algo duradero alrededor de él.
Alexis cambia esa narrativa de un solo golpe. No llega a resolver la tabla de posiciones por sí solo — ningún jugador puede hacer eso. Pero llega a responder una pregunta más importante: ¿por qué debería importarme este club? Y esa pregunta, cuando tiene respuesta, mueve todo lo demás. Los asientos vacíos se llenan. Los niños que van al estadio por primera vez no lo olvidan. La ciudad voltea a mirar.
En el camarín lo espera Thomas Gillier — su compatriota en el arco, formado en Universidad Católica, llegado desde Bologna. Dos chilenos en el mismo equipo, en la misma ciudad, en el mismo proyecto. El tipo de historia que el fútbol construye sin avisar.
¿El último baile?
Michael Jordan llamó “The Last Dance” a su última temporada con los Bulls. No porque fuera una despedida — sino porque sabía que iba a dar todo lo que le quedaba, en un escenario a la altura de lo que había sido.
Quizás esto sea el último baile de Alexis. Quizás no. Pero hay algo que nadie puede quitarle — llegó a Canadá por primera vez con 18 años y una medalla de bronce alrededor del cuello, sin saber todavía quién iba a ser. Vuelve con 37, con todo lo que ya fue, y con ganas de demostrar que todavía le queda algo.
Eso no es una despedida. Eso es Alexis Sánchez siendo fiel a sí mismo. Bienvenido, Maravilla.
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