Por Enzo Sepúlveda – @enzosepu_phvid | Golazo Canadá
Hay derrotas que duelen por el resultado y otras que duelen porque parecen confirmar todo lo que se venía anunciando. La final del Canadian Championship 2026 pertenece a la segunda categoría.
La frase atribuida a Los Simpson —«No esperábamos nada de ustedes y, aun así, lograron decepcionarnos»— parece hecha a la medida de este CF Montréal. Porque cuando las expectativas ya están por el suelo, decepcionar todavía más requiere un mérito especial.
Y este equipo parece haberlo conseguido. La temporada en la MLS ha sido un reflejo de sus problemas: seis victorias en treinta partidos, sesenta goles recibidos y una preocupante incapacidad para encontrar regularidad. Las goleadas sufridas ante San Diego FC e Inter Miami, sumadas a la reciente derrota por 3-0 frente a Atlanta United en el Stade Saputo, no son episodios aislados que puedan explicarse con una mala tarde. Son señales de un equipo que lleva demasiado tiempo sin transmitir seguridad ni respuestas convincentes.
Pero el problema va más allá de los números. Lo que se percibe es la ausencia de una dirección deportiva clara, de un proyecto táctico sostenible y de decisiones capaces de devolverle una identidad al club. Mientras tanto, la sensación es que quienes toman las decisiones siguen moviendo las piezas sin asumir las consecuencias, como si dirigieran un equipo en un videojuego y no una institución que representa a una ciudad y a una afición.
La final ante Forge FC ofrecía una oportunidad para cambiar, aunque fuera por una noche, el relato de una temporada para el olvido. No se trataba de borrar meses de malos resultados con noventa minutos de buen fútbol, sino de demostrar que todavía existía orgullo competitivo y capacidad para responder en una instancia decisiva.
Pero la oportunidad se escapó.
Después de 120 minutos y un empate 1-1, el título se decidió desde el punto penal. Forge FC se impuso por 4-2 y se convirtió en el primer equipo de la Canadian Premier League en conquistar el Canadian Championship. Para el conjunto visitante, fue una noche histórica. Para Montréal, una nueva oportunidad perdida y otra pregunta incómoda sobre el rumbo del club.
La presencia de Alexis Sánchez en el banquillo, sin llegar a ingresar, también dejó interrogantes. En un partido de esta importancia, cualquier decisión técnica queda expuesta al análisis, especialmente cuando el equipo necesita respuestas. Sin conocer todos los factores que motivaron esa decisión, sería injusto atribuirle una única explicación; aun así, es legítimo preguntarse qué buscaba el cuerpo técnico y por qué no encontró alternativas suficientes para inclinar la final a su favor.
En una noche para el olvido, hubo algo que sí estuvo a la altura: la afición.
Quienes acompañaron al equipo en el Stade Saputo volvieron a demostrar que el compromiso de una hinchada no desaparece automáticamente cuando los resultados dejan de acompañar. Alentar, asistir y seguir creyendo en el club tiene un valor que no se mide en goles ni en títulos. Precisamente por eso, esa fidelidad merece algo más que otra temporada de frustraciones.
Porque los hinchas pueden aceptar una derrota. Pueden entender que una final se decida por penales y que, incluso después de un buen esfuerzo, el rival termine levantando la copa. Lo que resulta mucho más difícil de aceptar es que una mala temporada se convierta en costumbre y que, desde la institución, no aparezcan señales claras de un cambio de rumbo.
Cortesía: Horacio Zamora | Golazo Canadá
El miércoles no se perdió únicamente un título. Para muchos, fue la culminación de una temporada para el olvido. Y si esta derrota no obliga al club a revisar sus decisiones y asumir responsabilidades, la pregunta ya no será cuánto más puede caer CF Montréal, sino qué está haciendo la institución para evitarlo.
Porque una copa se puede perder en una tanda de penales. La confianza de una afición, en cambio, se pierde mucho antes.